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Oración de las Madres Cristianas por la fe de los hijos

Padre y Señor nuestro, fuente de toda vida, somos madres cristianas. Con vuestra bendición y la cooperación de nuestros maridos, hemos concebido para esta vida temporal a nuestros hijos. Pero nuestra misión no termina con el nacimiento de los hijos: queremos también concebirlos para la vida eterna. Para lograrlo, insistimos con igual devoción y constancia que santa Mónica en estas peticiones, repitiendo esta súplica:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, como santa Mónica, guiemos a nuestros hijos hacia ti con nuestra propia vida, más decididamente cristiana cada día:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que nos esmeremos en lograr la plena cooperación de nuestros maridos en sembrar y consolidar la fe de los hijos:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos, y procedamos en todas las circunstancias con dulce serenidad, autoridad y amor:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que estemos pendientes de la evolución del carácter de nuestros hijos, y atentas a los diversos ambientes en que se desenvuelve su vida:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que de tal modo comuniquemos la fe a nuestros hijos, que ellos se preocupen de vivirla y transmitirla a los demás:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una consagración religiosa o sacerdotal, seamos generosas colaboradoras de su vocación:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que transmitamos a nuestros hijos el conocimiento y amor a la parroquia en que vivimos, y les enseñemos a colaborar en las tareas apostólicas de las mismas:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, si algún hijo nuestro se desvía del buen camino, los padres sepamos cercarlo de amor, oraciones y consejos, hasta conseguir su retorno a la fe y a la práctica religiosa:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

• Para que, en el trato con otras madres, nos interesemos por sus necesidades, despertemos en ellas su responsabilidad cristiana y logremos integrarlas a la vida de la parroquia y de la Iglesia:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!

Oración a la Virgen María

Nuestra Señora de la Consolación

Virgen María, Madre del Consuelo, que consolaste a santa Mónica, dándole la inmensa alegría de ver el triunfo de la gracia divina en la inteligencia y el corazón de su hijo Agustín: sé también nuestro consuelo. Danos el gozo de ver a nuestros hijos firmes en la fe que en sus almas sembramos desde que los concebimos en nuestro ser. Y si alguno se ha desviado, danos la alegría de verlo retornar a la fe, y así poder gozarnos en la realización definitiva de nuestro ideal como madres cristianas. Amén.

Oración conclusiva

Señor Dios nuestro, fuente de toda familia, concédenos que, imitando a santa Mónica, vivamos nuestra fe cristiana con dedicación y alegría en medio de nuestros hogares. Y que, como ella, sepamos influir positivamente sobre la fe de nuestros hijos, de tal modo que algún día tengamos el gozo inmenso de verlos junto a nosotras en tu Gloria, por toda la eternidad. Así sea.

Miles de jóvenes se reúnen hoy en Tor Vergata, en las afueras de Roma, en unavigilia de plegarias con motivo del primeraniversario de la beatificación de Juan Pablo II, que se cumple mañana, 1 de mayo, con la mirada puesta en la canonización del primer papa polaco de la historia.
“Es casi una necesidad recordar la beatificación y hacerlo en Tor Vergat, donde Juan Pablo II (durante la Jornada Mundial de la Juventud católica y ante unos dos millones de muchachos) exhortó a los jóvenes a no resignarse, a luchar por el bien. En un periodo de crisis como el actual necesitamos escuchar de nuevo ese mensaje”. dijo hoyMaurizio Mirilli, responsable de la pastoral juvenil de la diócesis de Roma.
La vigilia la presidirá el cardenal Agostino Vallini, vicario del papa para Roma, y la misma trae a la memoria la celebrada en la noche de este día 30 de abril, pero del pasado año, cuando unas 200.000 personas se reunieron en el Circo Massimo de Roma para conmemorar al papa Wojtyla, pocas horas antes de que Benedicto XVI le proclamara beato.
“Su vida fue santa. Ya era santo en vida“, afirmó aquella noche un emocionado Joaquín Navarro Valls, el español que durante 22 años fue su portavoz. Hoy, Marilli señaló que los jóvenes siguen amando al papa polaco porque lo sienten cercano y un santo.
“Cuando un joven percibe una cercanía, y los santos están muy cerca de las personas, los muchachos le abren su corazón”, subrayó el sacerdote.
Una vez beatificado, todas las miradas están ahora puestas en cuándo será proclamado santo, tiempo que se desconoce, ya que hace falta que el Vaticano reconozca el que se haya registrado un milagro por su intercesión a partir del día en que fue proclamado beato, tal y como establece la normativa de la Santa Sede.
Testimonios sobre supuestos milagros no faltan. El postulador de la causa, el sacerdote polaco Slawomir Oder, dijo recientemente que le siguen llegando “numerosos testimonios muy significados” de supuestos milagros y que una vez tenga toda la documentación necesaria hará “un estudio serio” y verá “la oportunidad de promover” la santificación.
Uno de esos supuestos milagros se produjo, según los medios italianos, en la mexicanaSara Guadalupe Fuentes García, que se curó de manera inexplicable de un cáncer maligno de garganta.
La mujer rezaba permanentemente a Juan Pablo II y la curación se produjo cuando unas reliquias del papa polaco recorrían el pasado septiembre México.
En este año transcurrido se celebró por primera vez, el 22 de octubre pasado, la festividad litúrgica de Juan Pablo II, establecida por Benedicto XVI, con una misa en la basílica de San Pedro del Vaticano concelebrada por 200 obispos.
La festividad sólo se celebró en la diócesis de Roma y en Polonia. La primera debido a que Wojtyla fue obispo de la Ciudad Eterna y en Polonia porque es su país natal, según contempla el decreto sobre esa festividad.
La Iglesia católica admite para el beato el “culto privado“, es decir, en la zona donde nació o ejerció su labor, mientras que al santo se le reconoce el culto universal y es modelo público para todos los creyentes.
En la beatificación más multitudinaria de la historia de la Iglesia, Benedicto XVI proclamó el 1 de mayo de 2011 beato a su antecesor, el papa polaco que devolvió al cristianismo aquella carga de esperanza que se le dio al marxismo y a la ideología de progreso, según dijo el pontífice durante la ceremonia.
Seis años y un mes después de su muerte (el 2 de abril de 2005) , Juan Pablo II (1920-2005) fue elevado a la gloria de los altares por su sucesor, lo que no ocurría desde hacia mil años.
Su proceso de beatificación fue uno de los más breves de la historia y se abrió sin esperar a los cinco años de la muerte, como contempla la normativa vaticana.
A la ceremonia asistieron más de dos millones de personas, miles de ellas polacos, españoles, italianos, franceses y latinoamericanos, que rompieron en un aplauso que duró numerosos minutos cuando a las 10.38 local (08.38 GMT) fue elevado a la gloria de los altares.
(Rd/Efe)

Queridos hermanos y hermanas:

Doy gracias a Dios que me ha permitido venir hasta ustedes y realizar este tan deseado viaje. Saludo a Monseñor Dionisio García Ibáñez, Arzobispo de Santiago de Cuba, agradeciéndole sus amables palabras de acogida en nombre de todos; saludo asimismo a los obispos cubanos y a los venidos de otros lugares, así como a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos presentes en esta celebración. No puedo olvidar a los que por enfermedad, avanzada edad u otros motivos, no han podido estar aquí con nosotros. Saludo también a las autoridades que han querido gentilmente acompañarnos.

Esta santa Misa, que tengo la alegría de presidir por primera vez en mi visita pastoral a este país, se inserta en el contexto del Año Jubilar mariano, convocado para honrar y venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, en el cuatrocientos aniversario del hallazgo y presencia de su venerada imagen en estas tierras benditas. No ignoro el sacrificio y dedicación con que se ha preparado este jubileo, especialmente en lo espiritual. Me ha llenado de emoción conocer el fervor con el que María ha sido saludada e invocada por tantos cubanos, en su peregrinación por todos los rincones y lugares de la Isla.

Estos acontecimientos importantes de la Iglesia en Cuba se ven iluminados con inusitado resplandor por la fiesta que hoy celebra la Iglesia universal: la anunciación del Señor a la Virgen María. En efecto, la encarnación del Hijo de Dios es el misterio central de la fe cristiana, y en él, María ocupa un puesto de primer orden. Pero, ¿cuál es el significado de este misterio? Y, ¿cuál es la importancia que tiene para nuestra vida concreta?

Veamos ante todo qué significa la encarnación. En el evangelio de san Lucas hemos escuchado las palabras del ángel a María: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios» (Lc 1,35). En María, el Hijo de Dios se hace hombre, cumpliéndose así la profecía de Isaías: «Mirad, la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Is 7,14). Sí, Jesús, el Verbo hecho carne, es el Dios-con-nosotros, que ha venido a habitar entre nosotros y a compartir nuestra misma condición humana. El apóstol san Juan lo expresa de la siguiente manera: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). La expresión «se hizo carne» apunta a la realidad humana más concreta y tangible. En Cristo, Dios ha venido realmente al mundo, ha entrado en nuestra historia, ha puesto su morada entre nosotros, cumpliéndose así la íntima aspiración del ser humano de que el mundo sea realmente un hogar para el hombre. En cambio, cuando Dios es arrojado fuera, el mundo se convierte en un lugar inhóspito para el hombre, frustrando al mismo tiempo la verdadera vocación de la creación de ser espacio para la alianza, para el «sí» del amor entre Dios y la humanidad que le responde. Y así hizo María como primicia de los creyentes con su «sí» al Señor sin reservas.

Por eso, al contemplar el misterio de la encarnación no podemos dejar de dirigir a ella nuestros ojos, para llenarnos de asombro, de gratitud y amor al ver cómo nuestro Dios, al entrar en el mundo, ha querido contar con el consentimiento libre de una criatura suya. Sólo cuando la Virgen respondió al ángel, «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), a partir de ese momento el Verbo eterno del Padre comenzó su existencia humana en el tiempo. Resulta conmovedor ver cómo Dios no sólo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla. Y vemos también cómo el comienzo de la existencia terrena del Hijo de Dios está marcado por un doble «sí» a la voluntad salvífica del Padre, el de Cristo y el de María. Esta obediencia a Dios es la que abre las puertas del mundo a la verdad, a la salvación. En efecto, Dios nos ha creado como fruto de su amor infinito, por eso vivir conforme a su voluntad es el camino para encontrar nuestra genuina identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartarse de Dios nos aleja de nosotros mismos y nos precipita en el vacío. La obediencia en la fe es la verdadera libertad, la auténtica redención, que nos permite unirnos al amor de Jesús en su esfuerzo por conformarse a la voluntad del Padre. La redención es siempre este proceso de llevar la voluntad humana a la plena comunión con la voluntad divina (cf. Lectio divina con el clero de Roma, 18 febrero 2010).

Queridos hermanos, hoy alabamos a la Virgen Santísima por su fe y con santa Isabel le decimos también nosotros: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1,45). Como dice san Agustín, María concibió antes a Cristo por la fe en su corazón que físicamente en su vientre; María creyó y se cumplió en ella lo que creía (cf. Sermón 215, 4: PL 38,1074). Pidamos nosotros al Señor que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pidámosle que sepamos como ella acoger en nuestro corazón la palabra de Dios y llevarla a la práctica con docilidad y constancia.

La Virgen María, por su papel insustituible en el misterio de Cristo, representa la imagen y el modelo de la Iglesia. También la Iglesia, al igual que hizo la Madre de Cristo, está llamada a acoger en sí el misterio de Dios que viene a habitar en ella. Queridos hermanos, sé con cuánto esfuerzo, audacia y abnegación trabajan cada día para que, en las circunstancias concretas de su País, y en este tiempo de la historia, la Iglesia refleje cada vez más su verdadero rostro como lugar en el que Dios se acerca y encuentra con los hombres. La Iglesia, cuerpo vivo de Cristo, tiene la misión de prolongar en la tierra la presencia salvífica de Dios, de abrir el mundo a algo más grande que sí mismo, al amor y la luz de Dios. Vale la pena, queridos hermanos, dedicar toda la vida a Cristo, crecer cada día en su amistad y sentirse llamado a anunciar la belleza y bondad de su vida a todos los hombres, nuestros hermanos. Les aliento en su tarea de sembrar el mundo con la Palabra de Dios y de ofrecer a todos el alimento verdadero del cuerpo de Cristo. Cercana ya la Pascua, decidámonos sin miedos ni complejos a seguir a Jesús en su camino hacia la cruz. Aceptemos con paciencia y fe cualquier contrariedad o aflicción, con la convicción de que, en su resurrección, él ha derrotado el poder del mal que todo lo oscurece, y ha hecho amanecer un mundo nuevo, el mundo de Dios, de la luz, de la verdad y la alegría. El Señor no dejará de bendecir con frutos abundantes la generosidad de su entrega.

El misterio de la encarnación, en el que Dios se hace cercano a nosotros, nos muestra también la dignidad incomparable de toda vida humana. Por eso, en su proyecto de amor, desde la creación, Dios ha encomendado a la familia fundada en el matrimonio la altísima misión de ser célula fundamental de la sociedad y verdadera Iglesia doméstica. Con esta certeza, ustedes, queridos esposos, han de ser, de modo especial para sus hijos, signo real y visible del amor de Cristo por la Iglesia. Cuba tiene necesidad del testimonio de su fidelidad, de su unidad, de su capacidad de acoger la vida humana, especialmente la más indefensa y necesitada.

Queridos hermanos, ante la mirada de la Virgen de la Caridad del Cobre, deseo hacer un llamado para que den nuevo vigor a su fe, para que vivan de Cristo y para Cristo, y con las armas de la paz, el perdón y la comprensión, luchen para construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre, que refleje más la bondad de Dios.

Amén.

 

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Un grupo de jóvenes dio un regalo especial al Papa Benedicto XVI al inicio del primer día completo que estuvo en México.

Cerca del Colegio Miraflores, en el que se hospedó el Pontífice, unos 25 jóvenes se reunieron a las cinco de la mañana para cantarle “Las Mañanitas”, una tradicional canción mexicana que se entona para celebrar los cumpleaños de las personas.

“Cantamos con todo nuestro corazón y con toda nuestra fuerza”, dijo a The Associated Press, María Fernanda de Luna, originaria de la ciudad occidental de Guadalajara y una de las personas que cantó para el Pontifice.

“Se nos enchinaba (erizaba) la piel de cantarle las mañanitas”, añadió.

Los jóvenes, que le cantaron desde un callejón cercano al colegio, dieron así una bienvenida similar a la que muchos mexicanos le otorgaban a Juan Pablo II, antecesor de Benedicto XVI, y quien mantuvo una estrecha relación con la feligresía mexicana al punto que lo llamó “El Papa Mexicano”.

El itinerario papal de hoy incluye un encuentro en privado con el presidente Felipe Calderón y un saludo a un grupo de niños en una plaza de la ciudad de Guanajuato.

Un día después de su arribo a México, donde dijo que rezará especialmente por las víctimas de la violencia, y tras la serenata, el Pontífice inició el sábado sus actividades en la ciudad de León con una misa privada en la capilla del colegio, que lo albergará durante las tres noches que pernoctará en el país.

Benedicto XVI, quien está a punto de cumplir 85 años, dedicaró varias horas a actividades privadas y por la tarde se traslado de León a la ciudad de Guanajuato para encontrarse con Calderón, quien el día anterior lo recibió en una ceremonia oficial en el aeropuerto internacional de Guanajuato, donde agradeció que el Pontífice aceptara visitar un México que “ha sufrido… la violencia despiadada y descarnada de los delincuentes”.

Tras el encuentro con el mandatario mexicano, el Papa acudió a la Plaza de la Paz de la ciudad de Guanajuato para encontrarse brevemente con los niños a quienes, le brindó un mensaje.

“¡Benedicto, hermano, ya eres mexicano!”, repetían las personas que lo recibieron. Esa fue la misma frase que le dijeron a su antecesor, Juan Pablo II, quien estuvo en México en cinco ocasiones, aunque nunca en Guanajuato.

El vocero del Vaticano, Federico Lombardi, dijo la noche del viernes que Benedicto XVI busca continuar la labor de Juan Pablo II en México.

Benedicto XVI, que en casi siete años de pontificado nunca había visita un país de habla hispana en Latinoamérica, tuvo una calurosa bienvenida de miles de personas que entre gritos de júbilo lo aguardaron se extendieron a lo largo de los cerca de 32 kilómetros que recorrió desde el aeropuerto hasta el Colegio Miraflores.

Antes de su arribo, el Sumo Pontífice condenó la violencia de las drogas  en México y llamó a desenmascarar “las falsas promesas y mentiras del narcotráfico”.

Les escribimos desde Junin de los Andes, una pequeña ciudad de la Patagonia Argentina.

Somos  animadoras del grupo de Infancia Misionera y cuando nos llego la invitación para rezar el Rosario por la paz nos alegró muchísimo, ya que uno de los objetivos  mas importante  del grupo es hacer que los niños valoren el poder de la oración y el servicio que prestan a la humanidad con esta pequeña acción.

La actividad se realizó en dos colegios católicos salesianos de la localidad, pero al mediodía, ya que es el horario en que los niños ingresan a clase, y por falta de tiempo en un colegio se hizo una decena y en el otro solo tres Ave María, pero la experiencia fue extraordinaria  y muy enriquecedora. Agradecemos de todo corazón esta iniciativa.

Saludos y un afectuoso abrazo a todos ustedes!

Susi Ramírez y Constanza Morales

Animadoras de la IAM Argentina.

PD : les envío algunas fotos de uno de los colegios

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El papa Benedicto XVI anunció este domingo que decidió decretar “un año de la fe” a partir del 11 de octubre 2012, coincidiendo con el 50 aniversario del Concilio Vaticano II (1962/65).

Al hablar ante 8.000 responsables y laicos comprometidos en la “Nueva Evangelización” durante una homilía en la basílica San Pedro, Benedicto XVI confirmó esa iniciativa sobre la cual desde hace un tiempo circulaban rumores en el Vaticano, en momentos en que las sociedades occidentales se alejan de los valores cristianos.

“Precisamente para dar un impulso renovado a la misión de la Iglesia de conducir al hombre fuera del desierto en el que a menudo se encuentra hacia el lugar de la vida, hacia la amistad con Cristo que nos aporta esta vida en plenitud, quisiera anunciar que he decidido decretar un Año de la Fe”, declaró el Papa.

Ese año “comenzará el 11 de octubre de 2012, en el 50 aniversario del Concilio Vaticano II, y concluirá el 24 de noviembre de 2013, durante la solemnidad del Cristo Rey del Universo”, precisó.

“Será un momento de gracia y de compromiso para una conversión siempre más completa a Dios, para reforzar nuestra fe en Él y anunciarlo con alegría a los hombres de nuestro tiempo”, agregó el Papa.

El Concilio inaugurado por el papa Juan XXIII marcó la apertura de la Iglesia hacia el mundo y la modernidad, con el reconocimiento de la libertad religiosa y el respeto debido a otras creencias. También renovó profundamente la liturgia y la teología pastoral.

Después de ese Concilio, la Iglesia se vio agitada por múltiples movimientos reformistas e iniciativas, en tanto disminuía la práctica religiosa y numerosos curas abandonaban el sacerdocio, acentuándose la división entre progresistas y conservadores.

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